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Noticias Octubre 29, 2007

Innovación en Chile

http://ingenieria.uchile.cl/template/noticia.php?id=10014

Mario Valdivia. Sigue campeando como teoría oficial preferida de innovación aquella que la entiende como la aplicación de nuevos conocimientos a las actividades económicas. Basta ver la página del Consejo Nacional de Innovación, y algunas de las columnas que se publican en ella. Así, para hacer de Chile un país más innovador, hay que crear aquí una "sociedad del conocimiento".

Esta teoría – que la inovación se produce por la aplicación de nuevos conocimientos – es bien discutible. Parece entender que los seres humanos se dividen en dos tipos: unos, que crean conocimientos y otros, que lo aplican. La vieja teoría del management científico (Taylor, Ford, primeros años del siglo pasado) ya había interpretado así a las empresas: arriba, los que tienen conocimientos y diseñan los procesos de trabajo (en general, supervisores), abajo, los que aplican esos procesos (trabajadores). Arriba, la mente de la empresa; abajo, el cuerpo de la empresa. Como ya sabemos, esta interpretación apareció junto con la industria de producción masiva y los sindicatos masivos. Razón de más para sospechar de ella hoy.

Si se trata de la innovación, esta teoría entiende que la cabeza la constituyen los investigadores, los dedicados a producir conocimientos, y el cuerpo consiste en los empresarios, quienes deberían aplicar los nuevos conocimientos. Y si nos preguntamos qué dice esta teoría de la innovación acerca de la ausencia de innovación en Chile, nos encontramos con muy pocas explicaciones posibles: o bien en Chile falla la cabeza, o bien falla el cuerpo, o bien falla la conexión entre ambos.

Y esto es exactamente lo que parece creerse a pie juntillas en las fuentes que cité y enlacé al inicio. Los empresarios chilenos son considerados un "sector productivo (que) transfiere y adapta tecnologías" supongo que importadas y que, (aparentemente), por lo tanto, no innmova (?). Por su parte, los investigadores están demasiado dedicados "a algunas áreas de las ciencias básicas" como para ser útiles a la innovación (aparentemente). "Entre medio hay una brecha"; o sea, algo falta en la conexión entre la mente y el cuerpo.

Me parece que esto estaba destinado desde el principio a terminar así. Sabemos que la falla básica del modelo mente/cuerpo es que hay "una brecha entre medio" que nadie ha logrado desentrañar como cruzar: nadie sabe como se conectan ambas partes. Las dos son mutuamente necesarias para que podamos entender al ser humano completo: en alguna parte producimos los conocimientos y a través de algo los ponemos en ejecución en el mundo concreto que nos rodea. Bien, pero ¿cómo se conecta lo inmaterial (los conceptos en la mente) con lo material (el cuerpo actuante)? Es increible la cantidad de sandeces que se han dicho y continúan diciéndose sobre esto. Si pensamos en la innovación, precisamente lo que esta teoría necesariamente echa de menos es cómo cruzar "la brecha entre medio" de las dos partes necesarias: los investigadores que producen los nuevos concocimientos y los empresarios que los aplican. Atascados exactamente en el lugar que este marco conceptual nos tenía destinado para que nos atascáramos.

Se puede innovar en cualquier área de las ciencias básicas. ¿Lo hacemos suficientemente en Chile? Se puede innovar inventando nuevas fuentes de valor económicos en el mundo global. ¿Lo hacemos suficientemente en Chile? Parece haber alguna insuficiencia que afecta tanto a la cabeza como al cuerpo. Y, si inventamos alguna conexión "entre medio", ¿quién nos asegura que no fallará también de la misma manera?.

Además de una tradición, la innovación constituye un estilo histórico, una manera de habitar el mundo. Excepción sea hecha de la poesía, no tenemos este estilo, sea lo que sea que hagamos. La innovación requiere decisión y voluntad, nosotros preferimos actuar sobre seguro sin perder la seguridad del cálculo que parece darnos seguridad frente al futuro. ¿Hemos sido demasiado pobres como para pretender algo que no fuera simplemente subsistir? ¿Hemos recibido demasiado ricos recursos naturales (incluida la mano de obra) como para darnos el trabajo de algo más que vivir de ellos? ¿Nos sentimos demasiado pequeños e impotentes como para intentar la invención de nuevos mundos y nos contentamos con "sacarle un empate" a la vida?

Probablemente sea más cierto que no amamos suficientemente a Chile, el mundo cercano que habitamos. Nadie innova simplemente por ambición personal, por afán de lucro, por hambre de fama. Movilizados por este tipo de emociones podemos crecer sobre seguro, ampliando y multiplicando lo que ya sabemos hacer. Pero la innovación requiere ambición orientada a mejorar el mundo y un sentido de misión muy personal dedicada a lo que no camina bien para muchos a pesar de todo lo que ya sabemos hacer bien; nace no del cálculo de beneficios, nace de un acto libre de voluntad movilizado por un rechazo apasionado a los sufrimientos, malestares y limitaciones históricamente acostumbrados y que están de más.

Innovación y estados de ánimo sociales;

Escucha Atisbando #79

Noticias Octubre 28, 2007

50 años de la población La Victoria

Se podría decir que ha habido movimientos de masas democráticos solamente cuando han coincidido en oportunidad y discurso los intereses de grupos mayoritarios de la población, indignada, desesperada o esperanzada, y las elites políticas, fueran comunistas, socialistas, socialcristianas o fascistas. Es el caso de la población La Victoria, histórica toma de terrenos de hace medio siglo, que ha intentado ser apropiada por partidos políticos, pero siempre sus pobladores han sido más que esos intentos de reducirlos. Cuando el progresismo está tan confundido, con socialistas neoliberales (que subliman la conciencia en las más diversas yerbas del esoterismo), victimas de la dictadura que aún miran para el lado cuando escuchan Cuba, puristas de izquierda que terminaron financiados por los petrobolívares del caudillo comediante (ahora sí que aplica la tragedia convertida en comedia), o con los demócrata cristianos ensimismados y enfrentados, es tan bueno recuperar la memoria social de nuestra historia de chilenos, de dónde venimos hace no tanto tiempo, de la pobreza, la marginalidad, la dignidad y la solidaridad. Si hasta la derecha parece más genuina en su sensibilidad ante la pobreza. Desgraciadamente, ninguna opción se acerca a entender que hoy se necesita democratizar las posibilidades del emprendimiento, la innovación y las tecnologías digitales, que ahí están los recursos para crear valor para todos, incluir a los más pobres, actualizar la educación, fortalecer la democracia y recuperar el sentido de nación solidaria con nuestros hermanos (y La Victoria tiene mucho de todo esto). Un ejemplo de la paradoja, es que el periódico conservador El Mercurio es quien recuerda este hito del movimiento social.
 
 

El Mercurio. El martes 30 de octubre se cumplen 50 años de la más antigua toma de América Latina:
La sorprendente vida de la Población La Victoria
Pamela Aravena y Rodrigo Cea
LOS ORÍGENES DEL CAMPAMENTO: Historia victoriana

La llamada "Chacra de la Feria" no era más que un gran prado tapizado de maleza; por eso los habitantes del Zanjón de Aguada llevaban un par de años pensando en tomárselo, hasta que un incendio quemó sus casas y desató el éxodo. Así, de improviso, a la una y media de la madrugada del 30 de octubre de 1957 partieron a esos terrenos, que entonces no eran más que un sitio agrícola abandonado, rodeado de un entorno verde y desde donde se veían los aviones del aeropuerto de Cerrillos.

En la caravana que partió a la toma iban personas de la población La Legua y otros sin casa de Santiago. Tantos eran que en la mañana del 30 ya eran mil las familias instaladas. Y la gente continuó llegando, mientras el terreno permanecía sitiado por fuerzas militares y policiales.

El primer paso estaba dado, pero luego vino uno quizás más difícil: permanecer en el lugar. Fundamental en aquella tarea fueron -según recuerdan hoy los mismos pobladores- el cardenal José María Caro, el diputado Mario Palestro y la regidora Iris Figueroa. Sin embargo, el apoyo más importante en el montaje del campamento vino de alumnos de la Universidad de Chile, especialmente de su Escuela de Arquitectura. Miguel Lawner y un grupo de arquitectos trazaron los planos. Al mes, La Victoria ya contaba con 15 mil personas ocupando 3.200 sitios, de 8 por 16 metros.

Luis Garrido, actual presidente de la junta de vecinos, llegó con 10 años el mismo día de la toma y hoy recuerda que la vida fue muy dura en un comienzo, con muchas enfermedades a causa del frío y la humedad, pero que al año ya tenían luz y agua potable. En todos esos avances, recuerda Garrido, la unidad de los vecinos fue crucial, pues pronto construyeron un policlínico y la escuela de la población, levantada con ladrillos de adobe, aportados uno a uno por los pobladores.

El fantasma del desalojo desapareció recién a comienzos de los años 60. Entonces, alrededor de jardines plantados con lechugas y tomates que todos compartían, muchos comenzaron a construir sus casas con la idea de permanecer definitivamente ahí. Desde ese momento, La Victoria vive con la fama de ser la primera toma exitosa en Latinoamérica.

PROYECTOS SOCIALES: Brigada de las funas y biblioteca popular

Varios proyectos sociales gestionados por los propios pobladores funcionan en La Victoria. Todos autogestionados.

La brigada muralista "Las Autónomas", formada sólo por mujeres, nació hace 18 años, durante el último año del régimen militar, con consignas de carácter político. Pero ya desde hace algunos años cambiaron la temática por una feminista. "La idea es formar conciencia social sobre la violencia intrafamiliar que afecta a las mujeres", explica Vicky Martínez. Durante un tiempo se dedicaron a hacer funas, denunciando con murales a los maridos golpeadores de la población. Pero terminaron luego de que uno de ellos le diera una nueva golpiza a la señora. "Ahora enviamos mensajes contra el femicidio", agrega Vicky.

El Centro Cultural Pedro Mariqueo surgió en 1983, como centro de reunión de la Izquierda Cristiana, el Mapu y el MIR, fundamentalmente. La idea era dar talleres nocturnos sobre el movimiento obrero, la teología de la liberación y periodismo popular. Ahora hay talleres de alfabetización y nivelación de estudios. Ahí funciona la radio comunal y en su segundo piso existe una moderna biblioteca, con más de 500 títulos y que ya tiene 100 socios que pagan $800 anuales.

EDUCACIÓN: Jardín, escuela y preuniversitario, obra de los pobladores

Fundada por sus propios pobladores un año después de la toma de terrenos, la Escuela La Victoria es hasta hoy uno de los mayores orgullos de la población. Funcionando en un moderno edificio, limpio y muy ordenado, el establecimiento educa a 506 alumnos, de primero a octavo básico, y se jacta de estar entre los tres mejores colegios municipales de su comuna (Pedro Aguirre Cerda) en los resultados del Simce de cada año. María Clara Aramburú, su directora, asegura que el orden y la disciplina son la premisa en la formación de sus alumnos y que la autogestión es una de las mayores virtudes del colegio. ¿Sobre lo negativo? Aramburú cuenta que, según sus estudios, 25% de los niños del colegio vive en situación de abandono de parte de sus padres, tienen alto riesgo social y no recibe ningún tipo de apoyo fuera de la escuela. Otro 25% no puede recibir ayuda de sus padres, pues ambos trabajan.

En esos casos presta su asistencia el jardín infantil "Nuestra Señora de la Victoria", fundado en 1970 por sus pobladores. Alicia Cáceres, la creadora y mandamás del establecimiento desde sus inicios, cuenta que el jardín tiene 20 educadoras para atender a 110 niños en edad preescolar, pero que son 180 los ex alumnos -estudiantes de entre primero básico y cuarto medio- que siguen asistiendo al jardín por las tardes, para recibir apoyo social y educativo. Otros cinco niños, abandonados completamente por sus familias, viven en el lugar.

El jardín funciona sólo con la ayuda de los apoderados -actualmente, la cuota mensual es de $ 2.500, aunque no todos la pagan-. La Fundación Integra y el Hogar de Cristo ayudan con raciones alimenticias. Y una fundación alemana aporta dinero para la mantención.

El panorama educacional se completa con el preuniversitario de la junta de vecinos, donde los mismos jóvenes universitarios de La Victoria son los encargados de dictar las clases. El preuniversitario cobra $ 1.000 de matrícula y $ 2.500 de mensualidad. El año pasado, de los 22 alumnos, 18 quedaron en universidades tradicionales.

LOS LIBROS: Población letrada

El próximo martes en la mañana, cuatro buses repletos de vecinos saldrán desde la población hacia la Universidad Arcis para ir al lanzamiento de "La Victoria, Rescatando su Historia", el tercer libro sobre la comunidad, en que sus propios habitantes han actuado como autores. Publicado por editorial Arcis y el Grupo de Trabajo de La Victoria, la historia del libro empezó cuando la investigadora estadounidense Janet Finn visitó La Victoria y propuso a cinco de sus vecinos "reconstruir la memoria social de la población". Una de ellas fue Claudina Núñez (ex concejala del PC), quien recuerda que la investigación duró siete años (1999-2006) y permitió "desmitificar y descubrir nuevas verdades". Por ejemplo, ratificar el apoyo de la familia Palestro en la formación de La Victoria y aclarar que los terrenos eran pretendidos por algunos sin casa de Santiago desde, al menos, dos años antes de la toma.

"Pasado: Victoria del Presente", de 1978, fue el primer intento de los vecinos para preservar la historia de su población, pues ya se habían escrito otros textos, pero por personas ajenas a La Victoria. El otro libro que es obra de los mismos vecinos es "Memorias de La Victoria: relatos de vida en torno a los inicios de la población" (2003). El texto es un trabajo de "Identidad" ( www.grupoidentidad.cl), un grupo de 12 jóvenes de la población que en 2002 se propuso dar cuenta de La Victoria entrevistando a una veintena de personas, que representaran a la mayor cantidad de habitantes de la comunidad.

LA VICTORIA EN CIFRAS:

21.000 habitantes.

3.200 sitios de 8 por 16 metros cada uno.

42 iglesias evangélicas.

30 clubes deportivos

3 multicanchas.

15 centros de madres.

CASI UN SANTO: Jarlan, el sacerdote venerado

Casi todos los livings de las casas de La Victoria tienen su foto colgada de la pared. Cada año los pobladores le rinden una semana de homenajes, con liturgias, velatones y una feria de derechos humanos que se instala en la avenida 30 de Octubre. André Jarlan, el sacerdote francés asesinado por una bala mientras rezaba en su dormitorio, es hoy un santo en la población.

Decenas de murales con su rostro adornan las calles de La Victoria. Su historia es evocada por quienes lo conocieron, para que las nuevas generaciones no lo olviden. Jarlan había llegado a la parroquia de la población a principios de 1983.

Para las protestas que se habían iniciado ese año, Jarlan actuaba en dupla con el párroco Pierre Dubois. Mientras éste contenía el ingreso policial a la población, Jarlan atendía a los heridos de las manifestaciones.

El 4 de septiembre de 1984 era uno de esos días de protesta. Durante la jornada, el sacerdote atendió a 27 heridos. En la tarde, se retiró a su habitación a rezar. Pocos minutos después, cerca de las 18:00 horas, se oyeron disparos desde la esquina. Una de las balas se coló por la pared de madera, cruzó el cuello de Jarlan y lo dejó desfalleciente sobre su Biblia. Esa noche fue velado y al día siguiente el féretro con su cuerpo fue llevado en andas por pobladores desde La Victoria hasta la Catedral Metropolitana.

Un tribunal civil acusó a un suboficial de Carabineros como autor de los disparos, pero la justicia militar lo absolvió. Hasta ahora el sumario continúa cerrado.

Hoy la habitación de Jarlan está intacta. Una flecha marca la entrada de la bala en la pared, la Biblia continúa abierta en el salmo 129 y 130, la cama está estirada y sobre ella reposan tres grandes fotografías del sacerdote muerto sobre su escritorio. Quien quiera puede verlas. Es un museo en recuerdo de quien consideran su mártir.

Pero además de Jarlan, dentro de la población existe el recuerdo y casi devoción para otros muertos, que son tratados como mártires por haber desaparecido durante 1973 (cuatro personas) o haber muerto durante las violentas protestas de los años 80 (cinco personas). Muchos de los llamados "mártires de La Victoria" siguen presentes en la población en los nombres de algunas calles y organizaciones sociales, como clubes deportivos, juveniles o centros de madres.

RADIO Y TELEVISIÓN: Los medios de masas populares

"Somos un medio político. Todos dicen que pertenecemos al Frente (Manuel Rodríguez), pero no. La radio es del pueblo", explica Macarena Vivett, administradora de la Radio 1° de Mayo, que funciona en La Victoria.

El proyecto nació en la clandestinidad en 1995, con apenas un transmisor artesanal y un par de micrófonos. Su creador: Leopoldo Sarmiento, un ex miembro del frente rodriguista. Hoy cuenta con permiso de transmisión de la Subtel, una mesa de sonido, un mezclador y un computador. Transmiten las 24 horas del día, todo el año y su alcance sobrepasa los límites de la comuna.

Los problemas sindicales, los llamados a protesta, las huelgas de hambre, la situación de los presos políticos y la defensa de los mapuches apresados son los temas que más preocupan a la radio. Pero la programación incluye, además, espacios de utilidad pública, salud mental, orientación cristiana y también musulmana. Un poco menos de historia tiene Señal3, el canal de TV de La Victoria. Definido como alternativa a la oferta televisiva convencional -"autónomo, popular y sin fines de lucro"-, el canal comenzó en noviembre de 1997, cuando un grupo de jóvenes de la población decidió pasar de la proyecciones de videos en las calles a la emisión periódica de contenidos.

Hoy los programas van de jueves a domingo y hay desde un noticiario (el viernes a las 21:00 horas), hasta programas de arte y de música metalera. La señal también emite comerciales de una carnicería, botillería y un colegio por 15 mil pesos mensuales para juntar los 133 mil pesos mensuales que requiere para funcionar. El financiamiento se completa con la venta de antenas receptoras (por 4 mil pesos) y la ayuda económica y en equipos, que reciben principalmente desde Suecia.

Un párrafo aparte merece la desaparecida "La Voz de La Victoria", el primer medio de comunicación masivo de la población que partió en noviembre de 1958 y desapareció hace más de 20 años.

FUERZA COLECTIVA: La organización poblacional

contra el plan regulador y el Transantiago

Desde la misma noche del 30 de octubre de 1957, los "callamperos" del Zanjón de la Aguada que se tomaron la chacra se dieron cuenta de que la única forma de que su movimiento triunfara era organizándose.

Por eso, el primer día eligieron directiva y delegados, y constituyeron comisiones de vigilancia, subsistencia y sanidad. De allí en adelante, todas las decisiones importantes serían debatidas colectivamente. La escuela y un policlínico fueron las primeras obras públicas que decidieron construir.

Hoy ese ímpetu se mantiene. La junta de vecinos, actualmente dirigida por Luis Garrido, se elige cada dos años. Para la elección se instalan en cada pasaje urnas y casetas secretas de votación. Todos los vecinos mayores de 18 años participan activamente. Los candidatos tienen generalísimos y hacen grandes campañas para ser elegidos.

Cada cuadra, además, tiene un delegado, quienes se reúnen una vez al mes a decidir cuáles son las prioridades y a rendir cuenta de los gastos.

Para la celebración del aniversario de la población se votan las actividades que se realizarán. La más importante, en todo caso, es la que se realiza cada 30 de octubre, cuando se recrea la toma vistiéndose a la usanza de los años 50, con carretas y antorchas.

La férrea organización de los pobladores tiene triunfos notables. El primer gran hito data 1991, cuando con un aporte de $10.000 por casa lograron, "por fin", pavimentar las calles. La iniciativa luego sirvió de modelo para la implementación del programa de pavimentación participativa del Ministerio de la Vivienda. El año pasado, en tanto, mediante encendidas asambleas y estructuradas protestas echaron abajo el plan regulador para la comuna, en general, y para La Victoria, en particular.

Otro éxito es lo sucedido con el Transantiago, que de trece líneas de microbuses, "para ir a todos lados de Santiago", dejó a los vecinos de La Victoria con sólo cuatro recorridos. Pero la junta de vecinos de la población, junto a otras de la comuna, se movilizó y fue hasta el Ministerio de Transportes para exigir cambios y nuevos recorridos. ¿El resultado? Hoy hay nueve líneas que sirven a La Victoria (5 alimentadores y 4 troncales). Además, por primera vez un recorrido pasa por el medio de la población y toda la noche.

SEGÚN CARABINEROS: El narcotráfico y robos con fuerza, los mayores delitos

Treinta y cinco carabineros y un radiopatrullas tiene la tenencia La Victoria para custodiar a los cerca de 21 mil habitantes de la población y a otros 10 mil de poblaciones aledañas (cuadrante 64).

Pero La Victoria está intervenida por el Ministerio del Interior desde 2002, lo que implica la presencia de otra patrulla con tres carabineros provenientes de la 30ª Comisaría y 10 a 15 funcionarios de Fuerzas Especiales que circulan permanentemente en un carro celular. Y según los funcionarios policiales, los delitos que más se denuncian en La Victoria son los robos con fuerza, narcotráfico y violencia intrafamiliar.

Los delincuentes más temidos por la población son "el cojo Hugo" -Hugo Soto Núñez-, con ficha por homicidio, hurto, infracción a la Ley de Armas, tráfico de drogas y riña con resultado de muerte con arma de fuego, y "Los Tabilo", un clan de narcotraficantes que a veces siembra el terror al interior de la villa.

Varios allanamientos, detenciones y decomisos se han registrado en el último tiempo, el más importante en mayo pasado. "La Victoria tiene características bien especiales. En mayo entraron 300 carabineros, detuvimos a 23 micro y narcotraficantes y hubo cero resistencia en la población. No hubo gritos, ni piedras, sino mucha colaboración. Eso es un fenómeno que indica que La Victoria no ha caído en la red del narcotráfico y que, por el contrario, hay un fuerte rechazo a ese tipo de delincuencia", asegura el jefe antinarcóticos de la fiscalía sur, Héctor Barros.

Desde la División de Seguridad Pública del Ministerio del Interior, su director, Iván Fares, reconoce que La Victoria es una población donde existen problemas de delincuencia, consumo y tráfico de drogas, "como otras en Santiago", pero que tiene una gran virtud: su organización comunitaria. Fares destaca que fueron los mismos vecinos quienes se acercaron a las oficinas del ministerio en 2002 para pedir la intervención de la población, y que producto del trabajo en conjunto hoy han disminuido los índices de temor y se han recuperado varios espacios públicos.

TRABAJO PASTORAL: El respeto entre católicos y evangélicos

Francés nuevamente es el sacerdote de La Victoria. Lorenzo Maire llegó a Chile en la misma época que André Jarlan. De hecho, se prepararon juntos en Bélgica antes de partir a Chile a trabajar en sectores con alto riesgo social. La labor católica en La Victoria está centrada en las catequesis y -con la ayuda de tres hermanas brasileñas de la Inmaculada Concepción y las Hermanitas de Jesús-, el trabajo también contempla la visita a los enfermos y ayuda a las madres para orientarlas en la lucha contra la drogadicción.

"Esta población fue fundada por comunistas y ateos, pero también por cristianos, que pudieron imprimir su marca. Fue el cardenal José María Caro quien pidió la no intervención militar; el padre Del Corro acompañó a los pobladores en la toma; luego, el trabajo de Pierre Dubois y André Jarlan para frenar la represión. Eso generó un respeto hacia la labor católica", asegura Maire.

A la población también han llegado 42 iglesias evangélicas, que han conseguido adeptos. Los que abandonaron su lucha por penetrar en La Victoria fueron los Testigos de Jehová.

Noticias Octubre 21, 2007

Historia de la vida privada en Chile


El siglo XX en Chile es la historia del avance de grandes masas marginalizadas hacia la inclusión en ciudades, el trabajo asalariado, la educación y servicios mínimos de salud. Es la historia del avance de la democracia y el voto universal sólo hace ¡50 años! Durante este siglo nació la clase media, en su mayoría herederos de familias obreras que accedieron a la educación y a trabajos públicos. Es la historia del desconcierto de la elite aterrorizada por los cambios sociales, sublevación de sus avasallados, sus propios vástagos que se perdían en el marxismo, y la obligación de sumar al campo explotaciones industriales que compitieran en el mundo. Es el gran desconcierto de las clases a medio camino entre la modernidad y el desamparo, quienes emergieron de la modernización a sangre y fuego de los ochenta en dictadura. Es el siglo en que nació la mujer como imaginario social, con rol propio en la creación de la historia nacional, y con ella la apertura a cambios culturales inéditos y acelerados. Deben ser –no sólo países- planetas distintos el Chile de 1910, 1960, 1990 y también de 2010. El Mercurio reseña y entrevista a los autores de la tercera entrega de la Historia de la Vida Privada en Chile, 1925-1990. Lo tengo en primer lugar de mi lista de espera. Hasta ahora, de lo visto echo de menos más noticias de la clase media de los últimos 20 o 30 años y de la elite (más a lo Foucault o Ariés). Optaron por sus propios fantasmas ideológicos generacionales. Pero, en fin, promete. Por ahora, la entrevista a los autores: Rafael Sagrado y Cristián Gazmuri. (foto e-culture.net)

Trece escenas de la vida privada

Óscar Contardo

emol. La esperanza del progreso, la irrupción de los medios masivos y una constante tensión interior son algunos de los hilos que tensionan este tercer tomo de la "Historia de la vida privada en Chile". ablan Rafael Sagredo y Cristián Gazmuri, los historiadores a cargo de la obra que agrupa trece capítulos.

El tercer tomo de "Historia de la vida privada en Chile" (Taurus) abarca desde 1925 hasta nuestros días. Una historia a la mano. Años lo suficientemente cercanos como para hacer memoria privada en medio de cambios públicos. Mineros del norte en campamentos fuertemente segmentados, mujeres parturientas dando a luz colgadas de un arnés, familias pobres en casas que se llueven, adolescentes disfrutando de un verano plácido en un balneario en decadencia, militares en cuarteles y exiliados con las maletas abiertas. Chilenos todos en trece capítulos que, como detalles de un cuadro inabarcable, ilustran una historia doméstica con muchos cambios y alguna permanencia. Están el progreso, el mejoramiento de las condiciones de vida, pero también "la violencia, la exclusión y el abuso al interior de este mundo privado". Así lo aseguran Rafael Sagredo y Cristián Gazmuri, los historiadores a cargo de la colección que en este tercer tomo convocó a 16 investigadores.

-¿Hay una distinción clara entre "historia social" e "historia de la vida privada" o son más bien etiquetas editoriales?

Cristián Gazmuri: "Como dice Duby, a quien citamos en el primer tomo, historia de la vida privada es todo eso que el hombre hace sin tomar los resguardos para evitar que otros se enteren de lo que está haciendo. Eso puede ir desde la higiene a todo aquello que la gente vive en privado. Hay quienes sostienen que la verdadera historia del hombre es la de la vida privada. En el primer tomo (De la Conquista a 1840) nos preguntábamos qué es más importante para una persona: ¿un cambio de gobierno o sufrir de apnea del sueño? Yo creo que roncar y la apnea pueden ser definitivos en la vida de la persona".

Rafael Sagredo: "No, no son etiquetas editoriales. Existe una historia de la vida privada que podría ser considerada Historia Social, en el sentido de que toda historia es social. Aquí se analiza, se estudia se trata de comprender un aspecto que normalmente no está expuesto a lo público, a lo que todos pueden llegar a conocer. Lo que pasa es que hay una evolución del concepto de vida privada, porque nace con el concepto que cita Cristián, pero desde el momento que se empieza a estudiar la vida privada aparece que todo está muy condicionado por lo que llamamos público, entonces hay una ampliación. La actuación se relaciona con fenómenos que están ocurriendo en la sociedad de la cual se forma parte. Un ejemplo es el tema de la vivienda. Gran parte de la población en el siglo XX vive en viviendas que fueron concebidas como soluciones habitacionales desde lo público, y eso condiciona la existencia íntima y privada. Ése es un ejemplo de cómo están relacionadas las dos cosas, aun cuando la vida privada dice relación con lo que pasa al interior de esta vivienda. Eso que pasa al interior a la vez está condicionado por algo que es ajeno. En ese sentido la historia de la vida privada puede ser considerada parte de la historia social".

-¿Es muy difícil encontrar las fuentes en un ámbito en el que debe haber poco registro convencional (cartas, diarios de vida)?

RS. "Fuentes hay múltiples. Claro, en el caso del registro de correspondencia, lo más probable es que eso sea reflejo de los grupos medios y de la élite. Pero también existen otras fuentes como la poesía popular, las costumbres, los modales que te llevan a ampliar la visión no sólo ya de la élite, sino que al mundo popular, marginal, o al mundo subalterno. Depende del tipo de problema que se plantee se buscan las fuentes adecuadas para llegar. Claro, hay algunas que tienen limitaciones como la correspondencia. Una de las virtudes que tiene esta visión de la historia es ampliar lo que se considera "histórico", y, por lo tanto, abrir las posibilidades de registros para la historia. En una historia como esta, un gesto, una palabra, y para qué decir las fuentes escritas, pasan a ser fuentes de la historia como se demuestra en la obra".

CG. "Un ejemplo de esto es cuando Violeta Parra describe un matrimonio campesino en una canción. Habla de una carreta adornada con flores, con un perro ladrando, un cura etc. Esa descripción va a ser difícil de encontrar en alguna otra parte, pero fue recuperada y quedó gracias a la recopilación de música campesina que hizo Violeta Parra, o que hace hoy Margot Loyola".

-¿Cómo se planteó la selección de los temas para este tomo?

CG. "Desde el primer tomo definimos los temas. En los tres tomos lo que tratamos fue hacer comprensibles, y reflejar los fenómenos o procesos y hechos fundamentales de cada etapa. En el tercer tomo está el fútbol, que nos parecía importante como fenómeno más allá del mero juego. Basta pensar que el porcentaje de noticias que se refieren al fútbol debe andar cerca del 30 por ciento del total. Está la televisión, porque la influencia de ésta en la familia, en el modo de vida, ese acto privado que es prender un aparato va a influir en tu vida pública. En el capítulo de la vida militar la idea era conectar la vida en el cuartel y la violencia. Son puntos de partida para comprender procesos más amplios".

RS: "La idea es buscar temas que fueran representativos de la historia del siglo XX y que no significara repetir temas que ya habían sido tratados en los tomos anteriores. En el caso de los militares, es porque son actores fundamentales en la historia de Chile del siglo XX. Había que mostrarlos en tanto actores que en muchos momentos aparecieron como incomprensibles para los civiles. Una desconfianza mutua porque para los militares la cultura de los civiles también era un ambiente extraño. Se trata de dos mundos que no están integrados y que se miran con desconfianza. Es algo que se repite en los distintos temas en donde se muestra un país que nunca estuvo tan integrado como se ha mostrado usualmente".

– ¿Y como enfrenta el libro esa "integración aparente"?

RS: Esta historia de la vida privada pretende complementar esa historia tradicional clásica, oficial, que nos muestra el desarrollo tan optimista de una integración social, de una nación homogénea. Pero en este libro vas viendo, a través de todos los ejemplos, que había un conflicto permanente, que la sociedad tenía sus exclusiones, tenía sus incomprensiones que terminan estallando al final del siglo XX".

-El capítulo de las memorias de Quintero (escrito por Cristián Gazmuri) pone a la memoria como una fuente. ¿Cómo explican metodológicamente este recurso?

RS: Un gran tema en la historiografía actual es el de la historia-memoria y uno de los métodos, técnicas de hacer historia es la historia oral, y eso lo practican en el mundo occidental. Es algo corriente. Además, es una opción porque el libro pretende mostrar la historia de la vida privada a través de diferentes temas, pero también de diferentes metodologías, una de las cuales en el Chile del siglo XX es la historia oral y la memoria personal, nosotros advertimos eso. Además, nosotros sabemos que nuestros lectores fueron actores contemporáneos a los hechos. La historia oral y el tema de la memoria implican que la persona que hace el ejercicio selecciona, y eso ya es un elemento a considerar. Si tú ves mucho de los libros que han aparecido en el último tiempo tienen como fuente la historia oral y la relación entre historia y memoria. Es algo que ya desde el punto de vista de la ciencia histórica está aceptado en el mundo. En Chile también, creo yo. No entiendo que alguien pueda cuestionar como método para hacer historia eso. ¿Qué es más verdadero una carta oficial con muchos timbres o un relato privado del mismo señor que hizo esa carta?".

CG: "Creo que es legítimo el uso de la memoria. Además, en el artículo de Quintero yo no sólo hablo de mí, hablo de Quintero y de una época específica".

HISTORIA DE LA VIDA PRIVADA EN CHILE

A cargo de R. Sagredo y C. Gazmuri. Editorial Taurus.

 

 

Noticias Octubre 7, 2007

Chile Primero – partido político

No me inscribiré en Chile Primero, porque todavía veo necesario mantener mayorías de largo plazo que espanten el sino latinoamericano de la inestabilidad y la polarización. Sin embargo, es urgente que el Gobierno y su coalición integren la sensibilidad, la visión y la pasión de Chile Primero. Es urgente desterrar la corrupción, desenmascarar a los poderosos que eluden la justicia escondidos en sus operadores. Urge despertar al país del sopor de burócratas protegidos en sus planes estériles, de tecnócratas obsesionados en sus modelos americanos, de populistas enfrascados en la corruptela y el ridículo, y de la elite ensimismada en sus recuerdos revolucionarios y su desarrollo espiritual. Hay que ponerse manos a la obra, que el futuro no está garantizado: Chile cruje en la corrupción grande y pequeña, en el crecimiento caótico de las ciudades, en la destrucción ambiental, en la pobreza enquistada, en la violencia urbana, la educación vergonzosa, las estadísticas complacientes y la inconciencia a la pérdida de competitividad. Chile Primero es un precioso aguijón de espíritu y votos que nos despierta de la comodidad, la indiferencia y la mediocridad que campea en la Concertación. Aquí un apasionado llamado del economista Mario Valdivia:

¿Por qué Chile Primero?

Porque el alma de la política en Chile está infectada de neoliberalismo y socialdemocracia (ambas a la chilena ), ideologías del siglo pasado y del XIX. Y queremos poner a Chile en el siglo XXI.

El neoliberalismo no ve nación, solamente ve mercados; sólo ve individuos, no ve comunidad. La socialdemocracia sólo ve diferencias sociales y asistencialismo; solamente ve inclusión y exclusión, y el reconocimiento en el papel de derechos que no es capaz de convertir en algo real. Ninguna de las dos ve a Chile como unidad frágil que debe competir en el mundo global; ninguna ve a los chilenos como identidades que debemos proyectar y cuidar en un mundo "ancho y ajeno".

El neoliberalismo se queda sin propuestas que no sea pedir más y más libertad para los individuos en los mercados. Nos deja sencillamente a la espera que el crecimiento chorree; también que el mercado haga que Chile innove. La socialdemocracia se queda fatalmente, sin futuro, enredada en el populismo. Satisfecha porque cree poder intervenir mínimamente en las diferencias sociales locales, nos deja resignados fente a nuestras diferencias con el mundo global. En el intertanto, el poder económico se concentra más y más, y el clientelismo corrompe la política.

Chile Primero es un proyecto que promete no olvidar que Chile y los chilenos constituyen lo central; y que el mundo global es el trasfondo en el que todos nos movemos. Promete cultivar el aprecio a las libertades de los individuos y de los mercados y, al mismo tiempo, darle foco sin complejos a nuestro futuro competitivo. Promete inventar una solidaridad más concreta y real que asegure la inclusión en el futuro del mundo global a todos los chilenos. Chile puede más que lo que pueden el neoliberalismo y la socialdemocracia.

Esto quiere ser Chile Primero: inventor, movilizador y animador del poder más de Chile.

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Noticias Septiembre 9, 2007

La revolución del retail en Chile

Quépasa. Es la industria que más se desarrolló en Chile en las últimas tres décadas. Esta es la historia del boom narrada por sus propios protagonistas. (ver también Revista Capital: La Industria Retail en Chile 2010)

Horst Paulmann

 

Fue una decisión de última hora la que hizo que el Jumbo naciera como hipermercado. Cuando Horst Paulmann Kemna, presidente de Cencosud, decidió crear el primer local de la cadena, inicialmente pensó en construir un híbrido entre bodega mayorista y negocio detallista. Corría 1976 y su idea era que en los 5 mil metros cuadrados que poseía en Avenida Kennedy, en Las Condes, convivieran ambos mundos de tal forma que los clientes pudieran elegir entre llevarse una unidad o una caja de productos. Paulmann creía que las dueñas de casa se asociarían informalmente para comprar al por mayor y luego repartirse los productos con el fin de ahorrar.

Finalmente fue su gerente general de la época, Óscar Anwandter Quentin, quien lo convenció de dedicarse sólo a las ventas al detalle. Cuando el 9 de septiembre de 1976 abrió el local, aún podían verse los grandes estantes de fierro repletos de cajas apiladas. Construido en acero y cemento, se situaba en el mismo sitio donde hoy está el mall Alto Las Condes, un terreno que entonces era parte de una viña.

El Jumbo estaba en la periferia de la ciudad. No había recorridos de micros que pararan ahí. Los clientes llegaban en auto y los trabajadores debían acudir en los buses de la empresa Ettel, contratados especialmente para ello.

Al principio, el mercado fue lapidario: el negocio sería un fracaso. Por su lejanía y su concepto de ofrecer tanta cosa en un mismo lugar. Al chileno no le gustaba “la frialdad” de esos largos pasillos, argumentaban. Al chileno le encantaba conversar con su almacenero de siempre, agregaban. Jumbo era el primer hipermercado en el país, casi calcado a los que Paulmann había visto en sus múltiples viajes a Europa: enormes superficies enclavadas al costado de una carretera, sólo a un par de kilómetros del centro de la ciudad.

Pero un elefante en la puerta del local, el organista Rolando Urbina tocando de lunes a viernes las canciones de moda, una oferta de productos importados nunca vista en Santiago y la promesa de ofrecer sólo productos de calidad más que de bajos precios, catapultaron al Jumbo. En la Navidad de 1976 el whisky marca Premium -de origen argentino- fue uno de los productos más vendidos. Los reponedores no alcanzaban a apilar las botellas, cuando éstas ya se habían agotado. Casi el 10% de toda la oferta del local provenía del exterior, algo impensable para ese tiempo, cuando el país venía recién saliendo de una historia de proteccionismo.
El local se llenaba los fines de semana porque su lejanía y novedades lo convirtieron casi en un paseo familiar, esgrimen ejecutivos que trabajaron ahí en esa época. Para equilibrar la carga de público, Paulmann recurrió otra vez a una de sus habituales fuentes de inspiración: las revistas especializadas, entre ellas la alemana Lebesmittelzeitung. Ahí se comentaba que el mismo problema había sido resuelto en Europa creando “los días de”; es decir ofreciendo descuentos por categoría cada día de la semana.

También entonces debutaron los puntos. En Europa se les llamaba pasaportes. En el Jumbo, rústicos carnés de cartulina otorgaban la calidad de socio. Anotaciones a lápiz indicaban la frecuencia de compra de un cliente, que al cabo de unos meses podía acceder a descuentos.

En 1979, Paulmann abrió el segundo local. Eligió la esquina de Bilbao y Latadía, también en Las Condes. Eran los antiguos terrenos de la terminal de ETC, la Empresa de Transportes Colectivos del Estado, que cerraba sus puertas.

Durante la crisis de 1982, Paulmann decidió no seguir invirtiendo hasta que todo se normalizara. Fue un período extremadamente difícil, porque se congelaron los sueldos y la caída en las ventas golpeó fuerte al elefante que se había especializado en ofrecer exquisiteces.

El origen de la fortuna

Paulmann escogió como símbolo de su empresa al animal más grande de cuatro patas. Le puso Jumbo porque así se llamaba una cadena de supermercados portuguesa que operaba también en Brasil y porque Jumbo era un elefante africano del tamaño de un mamut que vivió en el zoológico de Londres en el siglo XIX y cuyo nombre se usaba en Europa para describir a las cosas de proporciones gigantescas. El primer supermercado costó casi US$ 1 millón y la mascota -un elefante pequeño y sonriente- la dibujó Anwandter.

El mismo día en que comenzó a buscar personal para su primer supermercado, Paulmann habló a sus futuros colaboradores del Jumbo. Atrás quedaba Las Brisas, la cadena que formó junto a su hermano Jurgen, en 1961. Tras la separación de ambos, Jurgen se quedó con Las Brisas y Horst en Santiago, ciudad a la que llegó precisamente para buscar una mejor forma de abastecer al negocio familiar a través de un centro de distribución propio que se llamaba Adesu (abastecedora de supermercados).

En 1974, influenciado por sus visitas al extranjero y la lectura sagrada de publicaciones especializadas, Paulmann creó “P y P, pasando y pasando”, un autoservicio para los pequeños comerciantes, donde lo mínimo que se podía comprar era una caja de algún producto. El local situado en Santa Rosa 3570 sólo recibía pagos en efectivo. Es ahí donde cercanos al empresario fijan el origen de su fortuna: compraba grandes volúmenes con buenos descuentos y como la inflación en esos años estaba fuera de control ganaba algo adicional gracias a la subida de precios.

A junio de 2007, Cencosud opera 118 supermercados con un total de 173.782 metros cuadrados de salas de venta. En su operación de hipermercados y supermercados en Chile, alcanza casi el 30% del mercado. Además posee 8 centros comerciales y 21 Easy. En marzo de 2005, Cencosud entró en el negocio de tiendas por departamentos a través de Paris donde maneja 25 tiendas.

El primer mall en una fábrica

En 1982, cuando los dos Jumbo de Las Condes estaban consolidados, Paulmann comenzó su incursión en Argentina. El primer local lo abrió en la zona de Lugano, en Buenos Aires. Dio con esa ubicación tras sobrevolar en helicóptero la metrópoli porteña. Compró el terreno a una fábrica de papeles que estaba en quiebra.

La mole de concreto que se erguía dentro del sitio impresionó al empresario, porque le daba la posibilidad de levantar ahí mismo el primer centro comercial. Sabía que en EE.UU. los malls eran grito y plata. Entonces encargó varios estudios y aunque al final hubo que derribar casi todo, nació Unicenter, el primer shopping center de Argentina.

La idea original siempre contempló que en el primer piso hubiera como tienda ancla un Jumbo. Hoy, Cencosud opera en Argentina 13 centros comerciales de los cuales nueve se encuentran en Buenos Aires. Además Jumbo tiene 15 hipermercados en Argentina, y Disco, adquirida en 2004, cuenta con 239 locales. Allá el grupo opera Easy, pionero en la industria de homecenters con 29 tiendas.

Hoy Argentina aporta la mitad de los ingresos del holding. Al segundo trimestre de este año la firma ganó $ 124.078 millones, 110% más que a igual período del año anterior, influenciado eso sí por la venta de su participación en Mall Plaza y por el joint venture con la francesa Casino Guichard-Perrachon firmado en mayo para desarrollar Easy en Colombia.

Claro que esos resultados responden a la decisión de Paulmann de profesionalizar la empresa. El 2000 el empresario vio claro que el crecimiento del negocio pasaba por su expansión y el apoyo de profesionales. Ese año se inscribió en el programa de empresas familiares de la Universidad de los Andes, junto a sus tres hijos: Peter, Manfred y Heike y el entonces director, Stefan Krausse.

La “modernización” de Paulmann había comenzado: se acercó a la banca para financiarse activamente, ya que hasta la fecha todos sus emprendimientos los solventaba con recursos propios; fichó al actual presidente de la Sociedad de Fomento Fabril, Bruno Philippi, para que profesionalizara la empresa; e incorporó al gerente general corporativo, Laurence Golborne, ex gerente de administración y finanzas de Gener.

En 2004, Paulmann decidió abrir su negocio a la Bolsa. Hoy la empresa vale más de US$ 8 mil millones.

Que nadie se adelante

Según cercanos y ex ejecutivos una de las razones que mueven a Paulmann -amén de su olfato- es el temor a que otro competidor se le adelante. Desde sus inicios, el empresario ha tomado decisiones y posiciones sobre esa base. Por ejemplo, en 1965 cuando con su hermano -ambos manejaban Las Brisas- comenzaron a abrir locales en otras ciudades del sur para evitar que los supermercados santiaguinos, como Almac, los pudieran aniquilar.

Lo mismo pasó en 1976 en Santiago, cuando la economía chilena repuntaba y surgían los grandes grupos económicos. Paulmann se enteró de que uno de los proyectos de Javier Vial era traer a Chile a las grandes cadenas de hipermercados que había conocido en España: por eso se apuró con el lanzamiento del Jumbo.

Su incursión a Argentina se debió a lo mismo. Como siempre estuvo al tanto de las tendencias del sector retail y de las conversaciones que diversos ejecutivos tenían, supo que Carrefour ya andaba mirando en Buenos Aires. Entonces, rápidamente, abrió su primer local en ese país.

A este mismo instinto se debe también que sea según ejecutivos del mercado inmobiliario, uno de los mayores dueños de sitios urbanos estratégicos en el país. Para evitar que otros le ganen los espacios. Fue lo que pasó con el ex terreno de CCU que tras comprarlo en 1988 lo mantuvo hasta marzo de este año cuando colocó la primera piedra del Costanera Center, al que además añadió la torre más alta del país.

Los Solari…

Llegar a ocho locales les costó 82 años; alcanzar las 144 tiendas, apenas la mitad. Estos son los episodios desconocidos de la biografía de una firma que de sastrería mutó, a partir de los 90, en uno de los cinco retailers más grandes del continente.

“Vista como quiera, pero vista en Falabella… en sus ocho locales de Ahumada, la calle de Falabella”. Con esta publicidad, en 1971, la compañía del napolitano Salvatore Falabella daba cuenta de un sostenido crecimiento. Llegar a ese número de locales le tomó 82 años. Fueron décadas de experimentación y de darse el tiempo para transformar la pequeña sastrería de ropa masculina fundada en 1889 en una multitienda que hoy suma 144 locales, presencia en Argentina, Perú y Colombia y un valor superior a los US$ 14.000 millones.

Los hijos del fundador -Arnaldo y Roberto Falabella Finizzio- asumieron las riendas de la sastrería en los años 20 y 30, en una época en que la consigna era mantener la imagen. El periodista Trancedo Pinochet escribía en esos años que “el apellido era importante, pero más lo era la fortuna. Un joven nace en cuna de bronce; crece y estudia en los Padres Franceses o en el Instituto Inglés…pero lo más importante es que su ropa la hacía Pujol, Pineaud, Lerveu y en Chile la buena categoría está en las casas Russo y Falabella”.

El glamour de Falabella fue in crescendo. En 1970 se había convertido en el punto obligado de una parte de la elite santiaguina. En su ADN rezaba la consigna: “Sin necesidad de salir del país usted encuentra la última expresión de la moda mundial con auténticos modelos de Paris, Londres y Nueva York”.

Trajes a $ 350

Fue la dupla Alberto Solari-Jorge Mellafe la que comenzó a cranear la transformación de Falabella, y que se coronó a partir de los años ’90 con la diversificación de negocios, la entrada en los centros comerciales, las alianzas con nuevos socios y la internacionalización.

Alberto Solari -casado con Eliana Falabella Peragallo, nieta del fundador e hija de Arnaldo Falabella- se convirtió en el heredero natural. Entró al negocio en 1936.

“Arnaldo estuvo siempre a cargo de la empresa. Tuvo seis hijos, cuatro mujeres y dos hombres. A uno de los varones le interesaba mucho ingresar a la firma, pero murió joven. El otro se encargó de la parte industrial y jamás se dedicó a la tienda”, recuerda un ex ejecutivo.

Entonces, Arnaldo cifró sus esperanzas en su yerno Alberto. Le traspasó conocimientos y poco a poco el joven junto al gerente comercial, Jorge Mellafe, empezó a incorporar nuevos productos (ropa de mujer y niños) y puntos de venta, transformando a la entonces sastrería en una tienda de vestuario.

Camisas, sombreros y zapatos eran parte de la nueva oferta. Eso sí: siempre para caballeros. Hasta que en 1940 la sección mujer -cuya ropa importada se vendía en el entrepiso- fue grito y plata. “Se dieron cuenta entonces del gran negocio que tenían entre manos y levantaron una segunda tienda de alta costura para la mujer”, relata un conocedor de la firma. Este cambio fue esencial porque, de paso, también implicó entrar en la confección. “En la sastrería se tomaban 1.200 medidas al mes. Había seis cortadores y seis ayudantes que luego mandaban a producir las prendas a los pantaloneros, vestoneros y chalequeros”, dice Antonio Mir, un ex ejecutivo que trabajó en la firma entre los ’40 y ’90. En esos años un traje podía costar $ 350 (el sueldo básico de un empleado era de $ 465).

El restaurante

El buen posicionamiento de la marca llevó a la dupla Solari-Mellafe a levantar un restaurante en calle Ahumada y con el mismo nombre: Falabella.

Situado en las cercanías del pasaje Matte, el local -que funcionó por casi 15 años- se transformó durante la UP en el centro de operaciones de la firma, hasta que cerró en 1975. “Al salón de té y restaurante le iba bastante bien. Para el golpe de 1973 ese local nos sirvió de refugio porque las tiendas no se pudieron abrir”, recuerda Antonio Mir. Esta dupla también acercó la empresa a la comunidad. En 1969 apadrinaron una escuela de escasos recursos, política que ha continuado: 35 colegios y 19.000 alumnos.

Vergüenza por el crédito

Mir fue uno de los primeros ejecutivos en trabajar en la sección créditos. Anotaba a mano las compras, que se pactaban a 10 letras por un traje o a cinco por otro producto. Aún recuerda la vergüenza que el trámite le daba a la gente: “Teníamos un papel muy hermoso para envolver los trajes. Pero la gente pedía expresamente que, por favor, pusieran el papel al revés porque no querían salir a la calle con ese paquete”, recuerda entre risas.

Igual sistema se aplicaba a las grandes empresas. Vendedores recorrían hospitales, la Contraloría y otras instituciones para ofrecer los productos. Estos se descontaban por planilla.

Cuarenta años después nació la tarjeta CMR (Crédito Multi-Rotativo), de la mano de Juan Cúneo, que con más de cuatro millones de clientes se convirtió en el motor de la firma. El hijo de Marietta Solari -hermana del presidente de Falabella- y de Ernesto Cúneo trabajaba desde 1954 en la tienda. “Entró muy joven… ya iba cuando estudiaba en la universidad”, recuerda un cercano al empresario. Harto le costó convencer a la plana mayor de la tienda sobre la conveniencia de aplicar este sistema. “No nos gustaba el sistema porque hasta antes teníamos un sueldo fijo y una comisión por la venta a letras; con la CMR esa comisión se iba a la tarjeta y no a nuestro bolsillo”, cuenta un ex ejecutivo.

Santiago no es Chile

Ya a fines de los ’60 la sastrería se había convertido en una tienda por departamentos, al incorporar los productos para el hogar con cinco locales repartidos en distintos puntos de la calle Ahumada.

Por esos años Reinaldo Solari, hermano del entonces gerente general y que llegó desde Iquique a los 15 años, había emprendido su propio negocio: la fábrica de ropa femenina Mavesa y una tienda Falabella en Concepción. “Al parecer pagaba un royalty”, recuerda un ejecutivo. Esa expansión permitió a la firma hacerse eco de la frase “Santiago no es Chile”.

Venden los Falabella

Al morir Arnaldo Falabella le dejó a su yerno Alberto un porcentaje de la empresa, donde además estaban las cuatro hermanas Falabella Peragallo. Pero en los años ’80 los hijos de éstas -a excepción de los descendientes de Eliana Falabella- salieron del negocio. Entonces los hermanos Solari compraron ese porcentaje. Años antes un estadounidense, casado en segundas nupcias con Silvia Falabella Peragallo, quiso comprar la participación de esta familia. Pero se dio cuenta que no era capaz de manejar el negocio y desistió.

Una vez que entraron los Solari, el negocio sólo creció. La tienda salió de la tradicional calle Ahumada para instalarse en el mall Parque Arauco (1983), de donde la cadena estadounidense Sears se retiraba debido a sus malos resultados.

En esa época una reorganización interna de la sociedad, empujada por la misma familia controladora, posibilitó a Juan Cúneo sumarse al pacto de accionistas de la firma. Tomó la gerencia general, con el compromiso de modernizarla. Los Solari mantuvieron la propiedad de Falabella con características de empresa familiar por varias generaciones. La profesionalización y adaptación de sus estructuras administrativas a sus niveles de crecimiento llevaron a que el clan ejerciera cargos a nivel del directorio. Paralelamente comenzó a fraguarse la idea de crecer vía apertura de la empresa en Bolsa. En 1996 se colocaron 100 millones de acciones, equivalente al 5% de la propiedad. La recaudación fue de US$ 80 millones. Por primera vez se daba un incentivo a los empleados para comprar títulos. En total, 2.743 trabajadores se convirtieron en accionistas.

Mall, internacionalización

La apuesta de instalarse en el mall Plaza Vespucio en La Florida, a principios de los ’90, le abrió a Falabella un nuevo negocio: el inmobiliario.

De los 226 mil metros cuadrados de superficie destinados en el año 2000 han aumentado a 593.000 hasta hoy. De la mano del grupo Plaza, el mayor operador de centros comerciales del país, la multitienda expandió su influencia a todo Santiago y regiones, consolidando además la mayor base de clientes del sector retail de Chile.

En 1993 comenzó su internacionalización con la entrada a Argentina mediante la apertura de una tienda en Mendoza. Le siguieron luego locales en Rosario, Córdoba, San Juan y Buenos Aires.

Dos años después la firma llegó a Perú mediante la adquisición de Saga, cadena que ya contaba con dos tiendas en Lima.

En 2003 se fusionó a Sodimac y hace unos meses anunció su histórica unión a D&S, la mayor cadena supermercadista del país.

La máxima de Alberto Solari

Marcelo Calderón -creador de Johnson’s y pieza clave en el desarrollo de Ripley, la competencia de Falabella- conoció a Alberto

Solari. Cuenta que este último le confesó su máxima: “Marcelo, se puede hacer cualquier negocio, pero lo importante es rodearse de buenos ejecutivos”.

Muchos ex ejecutivos coinciden además en el rol fundamental de Jorge Mellafe. “Era un comerciante nato”, recuerda Antonio Mir. El ejecutivo se retiró del día a día en los años 80 y pasó a ser director y asesor. Su puesto lo ocupó Juan Cúneo mientras que Reinaldo Solari asumió la presidencia tras fallecer su hermano. Esta dupla fue la que consolidó la firma en los ’90 y 2000 y la convirtió en uno de los cinco retailers más importantes de la región.

Los Ibáñez…

A los 10 años. Nicolás Ibáñez entró como empaquetador a Almac, la cadena que su padre había fundado en 1957 y que luego derivó en D&S. He aquí su versión de un crecimiento fulminante.

Fue en Estados Unidos, mientras trabajaba como vendedor para McCormick -la empresa de especias más grande del mundo-, que Manuel Ibáñez Ojeda conoció los supermercados. Se topó con uno y entró. Vio que la mercadería estaba preenvasada, que había letreros con los precios, carritos para transportar los productos y que se pagaba a la salida, en efectivo. Le pareció muy novedoso para la época y completamente revolucionario para el comercio en Chile. De vuelta en el país, Ibáñez tenía una idea fija, cuenta hoy su hijo Nicolás: “Eso es lo que hay que hacer aquí”.

Así fue como el patriarca de D&S se lanzó a desarrollar el concepto en Chile e implementó, en la década del 50, el primer local de autoservicio, en calle Estado 42. Sólo tenía 6 metros de ancho y 20 metros de fondo. Su eslogan era “sírvase usted mismo, pague a la salida”. Estos locales eran conocidos como los “superettes” y se caracterizaban por ser pequeños, operar sin vendedores, con una oferta de 400 productos, dos cajeras y donde el cliente podía utilizar carritos y canastos.

Los resultados fueron mejores de lo esperado. Entonces Ibáñez apostó por el primer supermercado. Comenzó arrendando un galpón en plena Avenida Providencia. Como en Chile no existía este tipo de comercio, la autoridad no quería darle patente para operar. Finalmente consiguió una de garaje para arreglar automóviles y así pudo partir. Era el 27 de abril de 1957 y el supermercado se situaba entre las calles Ricardo Lyon y Pedro de Valdivia y sólo tenía 4 cajas. Se llamó Almac Supermarkets (el nombre surgía tras cortar la palabra almacén). El mobiliario se fabricó imitando lo que se usaba en Estados Unidos. El país estaba cerrado a las importaciones, así que todo se hizo en Chile, con bastante dificultad. Además, crearon una central de envasado y comenzaron con la venta de legumbres. “Introdujimos las envasadas: porotos, lentejas, garbanzos y arroz. Para llamar la atención de los clientes, diseñamos envases de papel cuadriculado, verdes, cafés, rojos y blancos. Eran de un kilo y cada uno representaba un producto. Fue muy novedoso”, recuerda Eduardo Díaz, ex ejecutivo de la empresa entre los años ’50 y ’70.

La otra tarea relevante fue educar a los clientes.”A los hombres les daba un poco de vergüenza ocupar el carro porque era como llevar un coche para niños”, señala Díaz. Sin embargo, la fuerte epidemia de gripe que afectó al país por esos años los obligó a ir al supermercado. “Los hombres estuvieron obligados a ir de compras, pues la dueña de casa estaba enferma”, comenta un cercano a Manuel Ibáñez.

Su hijo Nicolás recuerda que desde pequeño siempre estuvo vinculado a la compañía. “Tenía 10 años y trabajaba los fines de semana. Partí como empaquetador. Llevaba las cosas a los autos de los clientes y me daban una propina. Mi hermano Felipe y yo provenimos de la cultura de empezar a trabajar lo antes posible. Incluso, cuando íbamos de vacaciones al campo, trabajábamos como peones. Yo fui ayudante de tractorista”, comenta entre risas.

Luego de la apertura del primer Almac en Providencia, siguió el local de Bilbao, quince meses después. Más tarde le tocó el turno al de Irarrázaval esquina Suecia. El cuarto fue el de Vitacura N°4100 y el quinto estuvo ubicado en Américo Vespucio con Latadía. Habían pasado 10 años desde la puesta en marcha del primer local y recién en ese momento la compañía empezó a ver números azules. “Fue sangre, sudor y lágrimas”, recuerda Nicolás Ibáñez. Al cabo de unos años, operaban 32 Almac.

Súper rodantes

Cuando asumió la Unidad Popular la compañía debió enfrentar un duro escenario. “Durante esta época se pusieron en marcha los llamados supermercados rodantes, que eran camiones que recorrían los barrios. Todo esto para superar la crisis”, comenta un cercano al clan.

En esos años, Manuel Ibáñez decidió enviar a su mujer y a sus hijos a Inglaterra. “Yo me fui a los 13 años a ese país”, dice Nicolás Ibáñez. “Terminé mi educación secundaria y entré a la universidad allá. Pero luego volví a Chile y estudié Ingeniería Comercial en la Escuela de Negocios de Valparaíso, hoy Universidad Adolfo Ibáñez”, agrega.

En 1977 Felipe Ibáñez entró a Almac. Un ex ejecutivo recuerda, a modo de anécdota, que “había intenciones de comprar el terreno situado en Avenida Las Condes con Estoril. Sin embargo, había que calcular cuántos autos pasaban por ahí. ¿Quién fue el encargado de hacerlo? Bueno, a Felipe Ibáñez le encomendaron la tarea de contarlos”.

Más tarde vino la incursión en Parque Arauco. Entusiasmados con el nuevo concepto de centros comerciales que aparecía en el mercado, el clan tomó la representación de la multitienda Gala Sears y se instaló en el mall, donde también inauguró un Almac. La apuesta no fructificó y cedieron, posteriormente, el espacio a sus actuales socios, las familias Cúneo y Solari, quienes instalaron Falabella.

A inicios de los ’80, Nicolás Ibáñez ingresó a la compañía. Para este ejecutivo el período más difícil que le tocó fue la crisis económica de 1982. “La supervivencia de la compañía estaba comprometida”, enfatiza. En respuesta a este panorama, los Ibáñez desarrollaron el formato económico Ekono. Nicolás había visto el concepto en uno de sus tantos viajes a Estados Unidos. “El diseño, los colores, los locales, los uniformes, el layout de la mercadería, incluso las góndolas son una copia fiel de una compañía que se llamaba Food 4 Less en Arkansas”, comenta.

De Estados Unidos provino también el nombre de Presto, la tarjeta de crédito de la firma. Ibáñez vio cómo en la amplia comunidad italiana residente de ese país se usaban con frecuencia el vocablo presto, que significa rápido.

La inquietud de Nicolás Ibáñez de crear adicionalmente otros formatos para el mercado lo llevó a desarrollar, años más tarde, el proyecto D&S (Distribución y Servicio). “Para ello era necesario crear un área de distribución separada de la comercial. Nace D&S para abastecer a Ekono, sin dejar de abastecer también a Almac. Así yo me trasladé a D&S para hacerme cargo de la distribución y Felipe se enfocó en Ekono”, dice Nicolás Ibáñez.

La idea de crear Lider nació en España. Felipe y Nicolás Ibáñez conocieron en ese país los locales de la francesa Carrefour y en vez de esperar a que la gala se instalara en Chile, decidieron adelantarse: en 1995 abrieron el primer hipermercado económico, en General Velásquez con Alameda.

A junio de este año, la compañía es la principal cadena de supermercados en Chile, con una participación de mercado de 34%, ventas por US$ 1.600 millones y ganancias de US$ 40,4 millones. D&S cuenta en la actualidad con más de 120 locales y maneja 9 centros comerciales. En mayo, anunció su fusión con Falabella para crear el segundo mayor retailer de América Latina con ventas combinadas anuales por más de US$ 7.500 millones. El proceso está en etapa de aprobación por parte del Tribunal de Defensa de la Libre Competencia.

Los Calderón…

La llegada de Ripley al Parque Arauco marcó un antes y un después en las multitiendas. Marcelo Calderón tuvo mucho que decir en ese salto desde el centro a la zona oriente.

Corría 1995 y el comercio recibía expectante la llegada de la norteamericana JC Penny a Alto Las Condes, el mall de Horst Paulmann. Eran las 10 de la mañana del segundo domingo en el que operaba la tienda en Chile y Marcelo Calderón esperaba ansioso que abrieran. Apenas subieron la cortina, Calderón entró. En medio del tráfago, accidentalmente se encontró con uno de sus colaboradores en Johnson’s, empresa de la cual es dueño. Aunque este último estaba de paseo, Calderón lo invitó a recorrer la tienda juntos. Estuvieron hasta las dos de la tarde mirando con atención qué productos se podían replicar para Johnson’s y también para Ripley, multitienda que controlaba junto a su hermano Alberto.

Luego de haber devorado la tienda, Calderón quiso conocer la bodega. Junto a su gerente se hicieron pasar por personal de JC Penny. Fueron tan convincentes que les permitieron el ingreso a las instalaciones. Impactado quedó por el sistema de códigos de barras, la clasificación de la mercadería y la tecnología de punta. Entonces se vio tentado por la idea de hacer algo similar en sus compañías. Como dicen sus más cercanos, Marcelo Calderón “lo copia todo”. Para él esto no es un problema. Incluso, ha comentado a sus colaboradores que “copiar es un arte que no toda persona sabe hacer bien”.

Arribo a Parque Arauco

Años antes, los Calderón estuvieron a punto de poner un pie en Alto Las Condes. Fue Marcelo quien le golpeó la puerta a Horst Paulmann para llegar con Ripley a su centro comercial. Pero, cuentan cercanos a la multitienda, que Paulmann le dijo que no, porque Ripley no estaba dentro del perfil que quería imprimirle al mall.

Sin embargo, a poco andar el empresario germano cambió de opinión: le dijo a Calderón que aceptaba su propuesta, pero con la condición de que debía eliminar el nombre Ripley. Calderón no quiso. Paulmann lo llamó nuevamente y le comunicó que se podía instalar en Alto Las Condes pero que tenía que poner US$ 1 millón por derecho a llave. Antes de que Calderón alcanzara a comunicarle su decisión, Thomas Fürst, vinculado a Parque Arauco, lo invitó a que se uniera al proyecto. Sí le precisó que no tenía capital para edificar la tienda, así que Ripley debía hacerlo y luego se les descontaría de los arriendos futuros.

La llegada de Ripley a Parque Arauco en 1993 es uno de los grandes hitos en la historia de la compañía y también en la industria. La tienda de 12 mil metros cuadrados, el posicionamiento que lograron darle y el surtido de productos importados que tenían, marcaron un antes y un después. Lejos quedaba la imagen de la tienda de 120 metros cuadrados que surgió en el centro de Santiago en 1964 y que se abastecía localmente.

Liderada por la nueva generación de la familia, Lázaro y Andrés Calderón, hijos de Alberto, el foco estuvo en el crecimiento. En 1997, la compañía se internacionalizó, aterrizando en Lima: hoy cuenta con nueve multitiendas en ese mercado. En 2002 apostaron por el área financiera y crearon Banco Ripley con colocaciones por $ 217.102 millones a la fecha. Sin embargo, el gran salto vino el 2005 cuando se abrieron a la Bolsa. El 14 de julio de ese año los Calderón traspasaron el 15% de la empresa, recaudando US$ 219 millones. Actualmente la compañía está valorizada en US$ 2.400 millones.

Lázaro y Andrés

La apertura de la tienda en Parque Arauco coincidió con un cambio generacional importante dentro de la compañía. Antes de ese hito, Antonio Napolitano, conocedor del negocio porque había sido el jefe de local de la Casa Versalles -pionera en el rubro de las tiendas por departamento en Chile-, era el gerente comercial de Ripley y brazo derecho de Alberto Calderón. Tenía a su cargo la formación de Lázaro y Andrés, quienes trabajaban como product manager trainee para Ripley. A causa de una enfermedad fulminante, Napolitano falleció y Lázaro y Andrés debieron asumir la gerencia comercial.

Ellos decidieron cambiarle el rostro a Ripley y sacudirle la fama de tienda de bajos ingresos y apostar por un concepto de lujo con ropa importada. Con éxitos y fracasos. Aún recuerdan en la firma a Aquanstum, una famosa marca de impermeables inglesa, los que terminaron vendiendo bajo el costo porque en Chile aún no había público para ello.

Los primeros años fueron de mucha inversión y sólo pérdida para la compañía. La tienda de Kennedy era un lujo para la época. Tenía escaleras mecánicas de 1,10 metros de ancho, mientras que las de Falabella y Paris no superaban los 80 centímetros. Utilizaba un sistema de luz natural y Rubén Campos diseñó los uniformes de los empleados.

La competencia reaccionó remodelando, pero la valla era alta, pues las tiendas hasta ese momento no sobrepasaban los ocho mil metros cuadrados.

Importación china

Lázaro y Andrés comenzaron, en los años 90, con la importación de productos desde China. Un día, el primero llegó a las oficinas de Johnson’s -en Ñuble 1034- a visitar a su tío Marcelo. Llevaba puesto un terno que se había comprado en China. Su tío lo miró de pies a cabeza y le dijo: “¡Cómo puedes andar tan mal vestido!”. Lázaro le contestó: “¿Tío, cuánto cree usted que me costó?” y Marcelo le dijo “no lo sé”.

Entonces Lázaro le comentó que lo había comprado en Oriente y que el precio era irrisorio. Y aprovechó de advertirle que debían comenzar a importar porque de lo contrario la competencia lo haría. Marcelo contestó que no estaba entre sus planes porque esto implicaba cerrar sus fábricas, la que tenía en la calle Víctor Manuel y la que había comprado en 1979, y a través de las cuales abastecía a Johnson’s y a Ripley, con un producción de hasta 1.800 ternos diarios.

El tiempo le dio la razón a Lázaro. Casi todas las fábricas cerraron por el boom de la importación de vestuario. Sin embargo, no se desligó del negocio, pues le apasiona la confección. En cada inicio de temporada compra colecciones de la competencia y las desmenuza en su taller para conocer a fondo cómo las hicieron.

Sus más cercanos dicen que lo tiene en la sangre. De hecho su padre, Lázaro Calderón, partió con un pequeño local en San Felipe donde vendía telas y retazos. A Marcelo se le ocurrió ingresar al rubro confecciones, luego de haber incursionado sin mucho éxito en la venta de zapatos y de bebidas en las afueras del Estadio Nacional. Entonces mandó a coser pantalones a una costurera y los vendió puerta a puerta. Al cabo de unos meses tenía una red de costureras. Luego se trasladó a Santiago, a los 23 años, e instaló un taller y un local en la calle Víctor Manuel. La empresa se llamaba Calderón Confecciones y la marca de la ropa era Johnson’s (por el ex presidente Lyndon Johnson). Luego abrió tres locales de 50 metros cuadrados cada uno en el centro de Santiago. Les puso Bond (en honor a James Bond), Harry (por Harry el Sucio) y Ripley (por el programa de TV, Ripley: aunque usted no lo crea). Finalmente se quedó sólo con este último por la alta audiencia que tenía la serie de TV en Chile.

Era 1974 y Calderón ya promocionaba sus marcas. Mario Kreutzberger, “Don Francisco”, era el conductor de Sábados Gigantes, el programa más visto de la TV local por esos años. Él exhibía la etiqueta de su chaqueta Johnson’s ante miles de televidentes.
En esa fecha, Calderón tenía 180 empleados. Esos mismos trabajadores le tendieron una mano para que la empresa no fuera intervenida en el gobierno de la UP. “Ripley y Ladrillos Princesa no se pudieron intervenir porque los sindicatos solicitaron al gobierno que no lo hiciera”, cuenta un cercano. Otro período difícil fue la crisis de 1982. Calderón decidió no despedir a la gente, pero sí bajar los sueldos en dos oportunidades y congelar la planta. En ese período el comercio sufrió. Ripley sorteó mejor la crisis pues tenía muchos clientes y diversificados. Sin embargo, Johnsons’s se vio impactado. “La mayor parte de sus ventas eran al por mayor, a locales familiares y éstos no le pagaron pues no tenían cómo”, dice un ex ejecutivo.

Esto llevó a que Johnsons’s abriera locales de venta directamente y partiera a regiones. Su primer local fue en Rancagua, mientras que el primer local de Ripley fuera de Santiago fue en Concepción. Luego vendría la llegada de Ripley a Parque Arauco. Y el salto fulminante.